La Habana -- Escribo este artículo para
responder al honorable señor Adolfo Pérez
Esquivel y a otras personas extranjeras que
públicamente han expresado que la
resolución de la Comisión de Derechos
Humanos de la ONU que reconoce las
violaciones a los derechos humanos en Cuba
es injusta. Esto, en mi opinión, es una
toma de posición junto al régimen que
viola estos derechos y una ofensa a la
dignidad de los cubanos. Además, les
recuerdo que esta tergiversación de nuestra
realidad la hacen valiéndose de la ventaja
del uso de los medios de difusión, que en
Cuba están usurpados totalmente por el
gobierno, lo hacen abusando de la situación
de silenciamiento que vivimos los cubanos y
de la represión que se practica contra los
que se atreven a criticar al régimen.
Entre estas personas que, en conclusión,
vienen a decirnos a los cubanos que en Cuba
no se violan los derechos humanos, estaba
también la respetable señora Gladys
Marín, del Partido Comunista Chileno. Me
veo obligado a decirles a ambos que, si tal
como se presentan, son luchadores sociales,
que defienden a los pobres, a los
trabajadores, a los perseguidos injustamente
y, en fin, los derechos humanos, aquí han
estado en la tribuna de los poderosos que
dominan por la fuerza; aquí tomaron parte
con los ricos, porque ni siquiera reconocen
la existencia de los pobres; aquí
justificaron a los perseguidores y
silenciaron los crímenes; aquí, qué pena,
defendieron la injusticia, defendieron la
opresión, defendieron una ideología o sus
posiciones políticas, pero no defendieron a
los seres humanos.
Si lo hubieran hecho no subirían a la
tribuna ni hablarían por la TV. Los que
defienden a las personas no andan mirando
quién es el que comete la injusticia, ni si
es de su color político o si es enemigo de
su enemigo. Quien defiende a la persona, al
ser humano y sus derechos, no se calla ante
ningún poder aunque se quede solo. Jamás
justifiqué ni apoyé las injusticias y
crímenes que se cometieron durante los
regímenes militares en sus países; por el
contrario, los que defendemos los derechos
humanos en Cuba hemos sido y somos
solidarios con la lucha por la justicia
social y el respeto de todos los derechos de
las personas en América Latina y el mundo.
Nuestro movimiento, el Movimiento
Cristiano Liberación, tiene su razón de
ser en la opción por la persona,
especialmente por los pobres, y por eso, por
nuestro pueblo, que desde hace cuatro
décadas vive secuestrado por un régimen
que ha pretendido adueñarse de la persona.
Cuando se habla de cambios y de solución en
Cuba hay que hablar de liberación. Si
ustedes no reconocen las violaciones de los
derechos humanos en Cuba y si no son
solidarios con los anhelos de libertad y
justicia de los cubanos es o porque están
desinformados o porque no nos consideran
dignos de estos derechos, o por alguna
razón que tendrían que explicar ustedes.
De todas formas, lo que no podrán hacer
es convencernos a los cubanos de que tenemos
los derechos y la libertad que este régimen
nos niega día a día; de que éste no es un
país de ricos y pobres, porque todos
sabemos que desde el poder político y
militar muchos tienen privilegios y
prebendas y riquezas para hoy y para el
futuro frente a una mayoría pobre y a una
marginalidad creciente. Esa es la esencia de
este régimen y por eso suprime las
libertades individuales, monopoliza los
medios de comunicación, se adueña de toda
la economía y reprime toda expresión de
libertad en los ciudadanos, porque el
ejercicio de la libertad es incompatibe con
este totalitarismo que, como estoy
explicando, se instaura para perpetuar el
poder de un hombre y los privilegios y
riquezas de una minoría que ha
institucionalizado el despotismo.
Si bien muchos cubanos trabajaron con
amor y se entregaron con honestidad a lo que
pensaron que sería un proceso que comenzó
superando algunas formas de injusticia, hoy
la mayoría quiere cambios y apertura pues
se generaron nuevas formas de injusticia y
no existe ningún proyecto en los que
gobiernan que no sea conservar su poder. Y
estas afirmaciones todas son demostrables
con una visión de historia reciente y
realidad actual.
Los hechos no se pueden negar. En estos
años, miles de presos políticos, juicios
manipulados, fusilados de los que sus
familiares sólo supieron después de
sepultados, muchos fusilados. En las
prisiones, el maltrato físico, las celdas
tapiadas con confinamientos de meses y hasta
años, abuso hasta el sadismo y diversas
modalidades de tortura psicológica y
física. Hay miles, decenes de miles de
testimonios y testigos y lo peor es que aún
ocurren estos maltratos, juicios manipulados
y detenciones arbitrarias, de personas que
sólo han expresado ideas pacíficamente,
sin ofender y menos agredir a nadie. Desde
muy temprano comenzaron también los
confinamientos masivos de decenas de miles
de jóvenes en condiciones de campo de
concentración (yo estuve tres años en
campamentos de castigo con trabajo forzado
sólo por ser un católico activo que
sostenía su fe abiertamente).
Durante décadas, a los que querían
abandonar el país se les trató como
enemigos, se les retenía durante años, se
les impedía llevarse a sus hijos mayores de
15 años de edad, se les humillaba. Al salir
se les confiscaban todos sus bienes y se les
imponía la condición de desterrado bajo el
término de ``salida definitiva''. Esta
práctica todavía existe. Los cientos de
miles de cubanos que viven en el destierro
sólo pueden entrar en el país, por pocos
días, si el gobierno les concede una visa,
y pagando tributos extorsionadores. Los
cubanos no tienen derecho a salir y entrar
libremente en su país. Yo tengo una
prohibición de salir de Cuba y regresar,
también mi esposa y hermano. Mi madre tiene
una grave enfermedad y en días recientes el
gobierno ha prohibido que un hermano mío,
que vive en España, venga a visitarla,
porque, según dijo Inmigración, ``no puede
viajar a Cuba por ser hermano de un
disidente''. Pero si recordamos el año
1980, cuando el gobierno entreabrió las
puertas para la emigración masiva en
lanchas que vinieron de familiares
procedentes de EU, encontraremos los actos
de repudio. Estos fueron los pogromos del
comunismo. Turbas dirigidas por el Partido
Comunista y las fuerzas de Seguridad
acosaban durante días las casas de las
familias que deseaban emigrar; decenas de
miles de familias pasaban por este castigo.
Consistía en turbas gritando, golpeando
puertas y paredes, interrumpiendo el
servicio de agua y luz en muchas ocasiones,
pintando insultos en las fachadas,
aterrorizando día y noche. Esta práctica
duró meses y afectó gravemente a miles de
niños inocentes. Miles de personas que
querían emigrar fueron salvajemente
maltratadas y ultrajadas en las calles. Si
ustedes, señoras y señores Pérez
Esquivel, Gladys Marín, Estella de
Carlotto, Claudia Camba, Gloria de la Riva y
Eugenio Chica no saben esto, no saben nada
de Cuba y entonces no opinen.
Yo les invito a mi casa en Santa Teresa
No. 63, barrio del Cerro, aquí en La
Habana, para que conversemos. No para
enfrentar las injusticias que ocurren en sus
países con las que ocurren en el mío, sino
para dialogar entre defensores de los
derechos humanos, de todos los derechos y de
todos los humanos. En la fachada de mi
humilde hogar verán las huellas de los
letreros que me dejó la turba del Partido
Comunista y la Seguridad del Estado, que
pintó mi fachada cuando hizo un acto de
repudio contra mi casa y la saquearon.
Debajo de la pintura aún salen parte de los
letreros que pintaron ofendiéndome. Pero
esto fue en 1997 y no por quererme ir del
país, sino por recoger firmas para un
plebiscito que decidiera si se realizaba un
diálogo nacional.
Particular respeto siento por las abuelas
de la Plaza de Mayo, que son un testimonio
vivo de uno de los horrores más despiadados
que se hayan cometido en nuestro continente.
Sus voces son un emplazamiento a todos;
nadie puede ser ajeno o neutral ante su
justa demanda. Pero con el mismo respeto
tengo que decirles que para muchos cubanos
fue triste contraste escuchar cómo su
presidenta desconocía nuestra realidad.
Creo no equivocarme en afirmar que la
señora Carlotto desconoce que a sólo pocos
metros de la tribuna donde ella participó
comienza el mar, y que a unas millas de
nuestro malecón fue criminalmente hundido
el remolcador 13 de Marzo. Sí, una
embarcación donde huían varias decenas de
hombres, mujeres y niños fue perseguido y
alcanzado por embarcaciones del gobierno.
Después de detenida y rendida, comenzaron a
embestirla y a acribillar con chorros de
agua potentísimos a las personas. Los
chorros de agua arrancaban los niños de los
brazos de sus madres; éstas pedían piedad,
pero no cesó esta orgía genocida y
sádica. Perecieron dos decenas de niños y
otras dos de adultos. Allí están, no son
desaparecidos --todos sabemos dónde
están--, acusando desde el fondo del mar,
frente a nuestro Castillo del Morro, a sus
asesinos y al gobierno que les dio
categoría de ``héroes'' a los autores del
genocidio alevoso y premeditado.
Sepan que respetamos el derecho que
tienen ustedes a opinar sobre las acciones
de sus gobiernos, pero nosotros también, y
como se trata de nuestra vida y nuestros
derechos, debo responder. La señora Gladys
Marín dijo que la Central Unica de
Trabajadores de Chile no había invitado al
presidente Lagos al acto que celebraría el
Primero de Mayo porque según ella dijo,
``había apoyado la resolución contra
Cuba''. En primer lugar, la resolución no
fue contra Cuba, sino a favor de los
derechos de nosotros los cubanos. Además,
el presidente Lagos de esta forma reconoce
los derechos de los trabajadores cubanos,
ahora violados por este régimen que
prohíbe los sindicatos libres y que junto
con los capitalistas extranjeros explota a
los trabajadores cubanos.
La señora Marín dijo con asombro que en
Chile ``se impide la representación de la
diversidad política y cultural del país''.
Sólo le faltó decir: igual que en Cuba. Al
parecer, en Chile el único partido que no
se permite es el comunista y en Cuba el
Partido Comunista no permite la existencia
de ningún otro partido que no sea él
mismo. Hablar de diversidad y de
pluripartidismo en Cuba es agredir al
régimen, que se arroga el derecho de ser
unipartidista, usurpando la soberanía
popular. Claro que el señor Esquivel no
habla de esta soberanía. Para nosotros es
inseparable la soberanía popular de la
soberanía nacional. Nuestra historia
demuestra que en donde no hay respeto por
los derechos civiles y políticos y la
libertad de expresión, tampoco se construye
la justicia. No hay democracia política sin
democracia económica como, efectivamente,
no hay respeto a los derechos humanos si se
excluyen los derechos sociales y
económicos.
Nosotros lo sabemos porque en la medida
que se fue instaurando el ``estado de no
derecho'' en Cuba, se fue instalando la
injusticia social y la desigualdad que ahora
tiende a profundizarse, y donde muchos de
``los compañeros dirigentes'' son los
nuevos ricos y privilegiados.
Nosotros hemos trabajado por el diálogo,
la reconciliación y los derechos humanos
dentro de Cuba, hacemos oposición pacífica
y buscamos caminos que no excluyan a ningún
cubano ni dentro de la isla ni de la
diáspora. Sin embargo, el gobierno no
corresponde a la necesidad de apertura y
cambios. No queremos cambios hacia el
llamado neoliberalismo o capitalismo
salvaje. Ya sufrimos, ahora, a un grupo de
poder que es gobierno, partido único,
tribunal, policía, jefatura del ejército,
sindicato, prensa, carcelero y últimamente
empresario, propietario empleador y
regulador del mercado, al estilo de ese
capitalismo despiadado. Y por otra parte, el
cubano es trabajador explotado, cliente
extorsionado y ciudadano sin derechos. Esta
combinación que nos atrapa la definiremos
como comunismo salvaje.
Lo justo ahora es que usted, señor
Esquivel, acepte nuestra invitación a un
debate público, ante los medios de
difusión nacionales (si lo autorizan) y
extranjeros, para conversar sobre temas de
derechos humanos en América Latina,
recordándole que los cubanos también somos
latinoamericanos y humanos. También invito
a participar a los demás componentes de la
mesa redonda que he mencionado en este
texto, y a otros cubanos de la oposición
pacífica y defensores de los derechos
humanos.
En todo caso, mi invitación está
abierta para que me visiten cuando quieran
en mi casa, sin condiciones. Serán
recibidos como amigos y colegas defensores
de los derechos humanos. Disculpen si me
valgo de este artículo para invitarles,
pues me ha sido imposible saber dónde se
hospedan y llegar a ustedes.
Coordinador Nacional del Movimiento
Cristiano Liberación.