Enrico Mario Santí
Imagínense esto. Niño de seis años,
arrebatado de sus familiares a punta de
pistola, llevado a una base de la fuerza
aérea norteamericana en las afueras de
Washington, D.C. para reunirse con padre, a
quien él no ve hace cinco meses. Además de
padre, madrastra y hermanito, merodea en
base contingente de personajes desconocidos.
Durante tres semanas padre y familia
viven en Maryland en casa de embajador
cubano en Washington, rodeados de agentes de
seguridad y fuera del alcance de prensa
libre u otros familiares. No es descabellado
pensar que mismos agentes de seguridad
acompañan a la familia y ahora
"atienden" al niño. A menos que
el gobierno nos muestre lo contrario, es eso
lo que debemos asumir. Fidel Castro, jefe de
mismos agentes, repite que
"readaptaría" al niño en cuanto
le echaran mano. El mismo llega a pedir que
se le permita enviar un contingente de nada
menos que veintidós oficiales, entre ellos
varios psiquiatras, para empezar a
"trabajar" con el pequeño cuanto
antes. El "trabajo" comprendería,
desde luego, lo que ya sabemos:
adoctrinamiento, tratamiento de drogas y,
claro está, tortura física.
¿Una mala novela de la Guerra Fría? La
realidad es que todo esto podría estar
ocurriendo en estos precisos momentos con
Elián González en la Base Andrews de la
Fuerza Aérea norteamericana.
Pero pregúntense esto otro. ¿Cuándo en
la historia de este país el gobierno
federal ha puesto sus enormes recursos--el
Departamento de Justicia entero, el Servicio
de Immigración y Naturalización, y hasta
una base aérea--al servicio de un gobierno
que es hostil a intereses norteamericanos?
Los Estados Unidos no tiene, actualmente,
relaciones diplomáticas con apenas un
puñado de países, entre los cuales se
encuentran Lybia, Irak y Corea del Norte.
Pero ¿se pueden imaginar a agentes de
Muammar Kkadafy, con la venia del gobierno,
torturando a un niño en una base aérea
norteamericana? ¿Qué tal agentes de Saddam
Hussein?
Tal vez todo esto no sea sino otra de
esas dementes teorías conspiratorias que
tanto abundan. Pero véase esto otro. El
abogado del agente extranjero, cuyo sueldo
lo paga alguien que tampoco se conoce, da la
casualidad que también fue abogado del
Presidente en un escándalo sexual que él
no quiere que se recuerde. El mismo abogado
viaja a La Habana con frecuencia para que
Castro permita, entre otras cosas, que el
padre del niño viaje a Estados Unidos para
reclamarlo en persona. Con Castro, además,
el abogado conversa por teléfono todos los
días.
Usted pregunta: ¿Cómo es que pueden
ocurrir tantas cosas terribles? ¿Cómo, si
estamos en este país?
La respuesta. Un niño de seis años, y
con él todo el exilio cubano, se han
convertido, de la noche a la mañana, en
chivos expiatorios de las elecciones
norteamericanas de noviembre. Según Richard
Nuccio, el propio representante del
Presidente ante la crisis de los balseros de
1994, Clinton ha preferido entregarle el
niño a Castro antes de encarar otro éxodo
de refugiados en medio de un año de
elecciones. Después de todo, fue la crisis
del Mariel la que le hizo perder a Clinton,
en 1980, la gobernadura de Arkansas. Lo
mismo ocurrió con Jimmy Carter. ¿Cómo
entonces hacerle el feo a Al Gore?
No olvidemos que el soborno ha sido la
típica política de Fidel Castro. Con
sobornos toreó a su padre Angel; a base de
sobornos explotó a los soviéticos durante
la Crisis de Octubre; y desde entonces ha
sabido (o lo han dejado) sobornar a
sucesivos gobiernos norteamericanos. Hasta
la fecha se ha salido con la suya. Tan
encantado se quedó Castro con los recientes
servicios de la Ministra Reno y del
Presidente que en seguida proclamó un
"día de tregua". Pero ya sabemos
que en eso del soborno Castro anda bien
acompañado: el propio Presidente le ha
mentido a cortes judiciales, ha engañado a
su pueblo, y todo esto lo ha hecho igual que
Castro: impunemente. Por eso queda la
pregunta: ¿qué depara el futuro inmediato,
al menos en los meses antes de las
elecciones de noviembre?
Gregory Craig tratará en estos días de
descarrilar la decisión de la Corte de
Apelaciones para probar que ya no se
necesita la solicitud de asilo. Padre e hijo
se han reunido, y ahora se muestra al
pequeño Elián "encantado" con
sus nuevas circunstancias. Tal vez Fidel
Castro no llegará a pasear a Elián por las
calles de La Habana, si es que lo devuelven.
Pero una vez que obtenga lo que quiere,
¿quién para a ese hombre? Exigirá,
primero, que le levanten el embargo antes de
noviembre e incondicionalmente. Y después,
como medida preventiva, que le pongan
mordaza, de cualquier manera, a la
"Mafia de Miami" que tanto se le
opone.
¿Todavía no me cree? Entonces oigan
esto último. Reza un viejo dicho cubano:
"Si te lo tocan una vez, te lo tocan
tres". Estamos a tiempo.
Enrico Mario Santí ocupa la cátedra
William T. Bryan de Estudios Hispánicos en
la Universidad de Kentucky, Lexington.
esant2@pop.uky.edu