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Política
ambiental cubana: más argumentos para
sentir vergüenza en el Día Mundial del
Medio
Ambiente
Segunda
parte
No quisiera entrar en materia sin
antes mencionar cómo es que Cuba obtiene
estas distinciones que la hacen lucir un país
modelo, y en el caso que nos ocupa, dónde
se halla la semilla podrida que la ha
elegido para celebrar el Día Mundial del
Medio Ambiente. Como bien se sabe, Alemania
(la locomotora europea) juega hoy un papel
repugnante a favor de Fidel Castro. Este
consiste en condicionar ayuda a cambio de
apertura, pero sin que ello tenga que ser
llevado a la práctica. En otras palabras,
de cara a la comunidad internacional, la Unión
Europea exige cambios democráticos a Cuba
antes de aceptar negociar con ella, mientras
que en la realidad son los diputados de esa
“unión” los que cambian su política
según sean las ofertas inversionistas que
el régimen les haga.
En el campo de la ecología ocurre
lo mismo y en este caso particular, ha sido
Klaus Topfer (Secretario General del PNUMA)
el que ha estado dando galardones a diestra
y siniestra a cuanto delegado del Ministerio
de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente
apareciera (Cubanet 1999), con tal de que
Cuba cambiara la ley de 1981 y la ajustara a
las necesidades de sus inversionistas antes
de llevarse no sólo el dinero que ello
implica, sino el añorado honor de poder
“celebrar en un desierto el día
internacional del agua”.
Ecosistemas
marinos
Para los que creen que la población
cubana nada más puede nadar desde el diente
de perro y comer merluza, he aquí otro
reverso de la moneda. A diferencia del resto
de las islas del Caribe, Cuba posee un
escenario marino físico y biológico un
tanto espectacular: una extensión de líneas
costeras amplias, un gradiente permanente de
temperaturas, aguas oligotróficas y
considerables dimensiones en su plataforma
insular. En ella, los arrecifes de coral son
el soporte de la pesca en nuestro archipiélago
a la vez que protegen la línea costera de
la erosión de las olas, y alimentan la
costa con playas de arena que es, en
definitiva, el recurso costero más
importante y apreciado por el turismo que
visita el Caribe.
Los arrecifes de coral, que tienen
generalmente muy poca biomasa (280g de
carbono orgánico / metro2 / año)
generan en nuestra plataforma 10 veces más
carbono orgánico que su propio peso y
permiten con ello una alta diversidad de
especies de elevada importancia recreativa y
comercial (Bohnsack, 1992). Estos arrecifes
constituyen el hogar de la mayoría de los
peces e invertebrados marinos que allí se
observan. Chernas (Epinephelus
gigas), Pargos (Lutjanus
sinagris) y Roncos (Haemulon
sciurus) son sus inquilinos habituales,
pero donde las aguas son poco profundas y
están cerca de la desembocadura de algunos
ríos, abundan las Mojarras (Eucinostomus gula) y el Caballerote (Lutjanus griseus), que nada tienen que envidiar a esa merluza
importada desde España y que sólo se vende
bien allí donde la imposición de la
alimentación favorece el beneficio continuo
de los oportunistas.
La actividad
humana, y en especial toda la
actividad vinculada al turismo, representa
uno de los peligros más conocidos para la
supervivencia del arrecife de coral. La
explotación de corales para la venta, y el
arrastre de grandes redes sobre la
plataforma submarina cubana han sido dos de
las causas que han contribuido notablemente
a la disminución y destrucción de nuestras
mejores barreras (Wotzkow 1998). Pero a
ello, hemos de sumar ahora el efecto
negativo que los extermina en muchas
regiones de nuestra plataforma dada la
excesiva sedimentación que generan algunas
prácticas agrícolas destructoras del
suelo.
A pesar de que todos estos
factores degradantes son bien conocidos, y
mientras la gran mayoría de nuestros biólogos
marinos se miran consternados ante los altos
índices de bio-erosión submarina (más de
10 mm / año y durante largos períodos de
tiempo), el gobierno de Cuba incrementa sin
cesar la actividad náutica y hace caso
omiso a la deforestación con fines de
construcción hotelera. Ello, aumenta no sólo
la destrucción física de los arrecifes de
coral (por el continuo anclado que genera
una mayor actividad náutica), sino que
acelera su literal enterramiento por el lodo
que antes era contenido por los manglares y
ahora han sido talados para crear
en esa costa una nueva playa.
Seguramente los fondos marinos
cubiertos por el Seibadal (Thalassia
testudinum) deben haber ofrecido los
mayores índices de productividad a nuestra
plataforma. En condiciones óptimas, estas
plantas pueden exceder una producción
superior a los 10`000 gramos de carbón orgánico
/ m2 / año, dependiendo de la
calidad del agua, el tipo de substrato, y la
geomorfología de la costa (Vicente, 1992).
Cualquiera de las seis especies de
Thalassias existentes en el Caribe es un
magnífico proveedor de nutrientes, energía
primaria y hábitats para infinidad de
peces, pues crea áreas de forrajeo para
muchas especies amenazadas (tales como el
Manatí, o las tortugas marinas) y
contribuye a preservar la diversidad biológica
sobre nuestra plataforma.
Pero en algunas áreas bajas,
algunas técnicas prohibidas de pesca han
acarreado la desaparición, o el daño
irreversible a grandes extensiones de esta
planta acuática. El arrastre de redes
efectuado por los barcos “Río” a final
de la década de los 80 es un desastre que
se dejará sentir más allá del fin de
siglo. Al igual que la Thalassia, otro de
los recursos más afectados en Cuba son los
manglares, también llamados “bosques
protectores”, que cumplen la función
vital de proteger el perfil costero de la
erosión que le causaría el oleaje y las
tormentas provenientes del mar. A pesar de
conocerse que los manglares sirven de
refugio a infinidad de peces (muchos de
ellos especies comerciales), aves, e
invertebrados, el desarrollo del turismo a
cualquier precio ha reducido en casi un 50 %
el número de hectáreas con que Cuba
contaba hace apenas unos 25 años.
La desecación de las lagunas
costeras, tan importantes para la alimentación
de muchas aves migratorias, es otro ejemplo
íntimamente asociado al manglar y de cómo
el turismo destruye en Cuba cientos de hábitats
que hasta ayer no parecían necesitados de
protección. Pero la sinrazón y la ausencia
total de interés por conocer el papel que
juega cada ecosistema en el medio ha
permitido la desaparición de estos
apacibles refugios naturales, también
utilizados por toda la comunidad de especies
que nidifican en las áreas circundantes. De
esta forma, miles de parejas de garzas (Egretta
sp.), Pelícanos (Pelicanus
occidentalis), Corúas (Phalacrocorax
sp.), e incluso algunas aves canoras,
han de buscar otro enclave para llevar a término
su reproducción.
A todo este panorama de destrucción
hay que agregar los problemas que padece la
red hidrológica natural de Cuba, pues
nuestros ríos, o lo que de ellos queda, son
otro de los ecosistemas más afectados en el
país. La contaminación de nuestras aguas,
el relleno de cientos de lagunas naturales y
la excesiva canalización o embalse de los ríos
son problemas que están más asociados con
la apatía gubernamental que con el supuesto
incremento demográfico usualmente utilizado
como excusa. La construcción generalizada
de pozos, la
excesiva explotación del manto freático,
la intromisión en ellos del agua marina y
la desecación de cuanto humedal natural
existiera en la isla, son otros de esos
motivos por los que la clase gobernante de
nuestro país debiera sentir un poco de vergüenza.
Endemismo
y especies amenazadas
La introducción de todo tipo de
peces exóticos ha determinado la extinción
de una rica fauna de peces dulceaquícolas
con la que sólo Cuba contaba en el Caribe.
Y como si la desaparición de una sola
especie no fuera ya suficiente, ningún
canal, ninguna laguna, ninguna ciénaga o río
quedó a salvo como ecosistema alternativo
dada la intensa campaña de fumigación y
uso de pesticidas que el gobierno cubano ha
estado aplicando sobre nuestro territorio en
los últimos 40 años de apatía medio
ambiental. En resumen, pudiera decirse que
todo río que antaño no sobrepasara el
caudal de 0,5 m / s, hoy día no existe, o
es apenas una zanja visitada por el agua en
la época de la lluvia, o bajo los efectos
ocasionales de un ciclón.
La introducción de moluscos acuáticos,
tales como Physa
spp. han afectado a otras especies
nativas y se han convertido en hospederos
intermediarios de enfermedades parasitarias
muy agresivas y hostiles para la salud
humana. Paralelo a esto, la Tilapia (Sarotherodon
mossambicus), el Pez Sol (Lepomis
macrochirus) y la Trucha (Melanopterus
salmonoides) han eliminado de cualquier
embalse cubano a la Biajaca (Cichlasoma
tetracantha) y a decenas de especies de
guajacones que se alimentaban de los
mosquitos hematófagos que tanto daño han
hecho a la población cubana. Cientos de
Rana Toros (Rana
catesbiana), aunque aceptados como
fuentes de alimento desde 1936, son
observadas en Cuba en cualquier ecosistema húmedo
y los Cocodrilos Babilla (Cayman
crocodylus), oriundos de Sudamérica,
han eliminado prácticamente al cocodrilo
endémico (Cocrodylus
rombifer) en la Ciénaga de Lanier.
Desde que se creó la EMPROVA, allá
a finales de los años 60, Celía Sánchez
Manduley dedicó una buena parte de su
tiempo a explotar y comercializar todo tipo
de especie marina, pero además, de aves,
reptiles, moluscos e insectos terrestres.
Camiones enteros cargados con cotorras,
cocodrilos pequeños y caracoles de los géneros
Polymita,
Viana, y Ligus llegaban
desde Baracoa y desde Viñales recorriendo
la isla entera, a los distintos centros
denominados Faunicuba. Allí, estas especies
eran procesadas, disecadas y posteriormente
vendidas o regaladas (según fuera el caso)
a los múltiples admiradores de la revolución
cubana. A finales del 80 sin embargo, estos
recursos comenzaron a desaparecer, pero ahí
(con perdón del PNUMA), no terminó la
explotación. Desde entonces, decenas de
invertebrados como los Cobos (Strombus
gigas) los Cangrejos de playa (Cardisoma
guanhumi), las Langostas (Panulirus
argus) y los corales han padecido la
muerte en formaldehído por ese tipo de
avaricia institucional.
Aparejado a esa explotación
irracional de los recursos llegó a Cuba su
contaminación. Desde los mismísimos
inicios del comunismo, el deber de hermanos
e hijos de la Madre Patria (que por esos años
fue la Unión Soviética), nos obligó a
tolerarlo todo. Si nos remontamos a
principios de los años 80, cualquiera que
haya navegado un poco alrededor de Cuba
recordará que en noches de poca luna, miles
de millones de pequeños Dinoflagelados (Gonyaulax
spp.) emitían sus luces fosforescentes,
sobre todo a las afueras de la Bahía de Cárdenas,
lo que constituía un verdadero espectáculo
de luces digno de volver a contemplar. Pues
bien, después que esta bahía se convirtió
por decreto estatal en un fregadero de los
buques tanqueros rusos, y después que esas
aguas cambiaron su color azul claro por el
negro opaco del petróleo, estos
microorganismos desaparecieron.
Con los peces la situación no ha
dejado de empeorar. Ya lo anticipábamos
cuando hablábamos de la introducción de
especies exóticas que se alimentaban de
nuestros endémicos en nuestros ríos o
embalses. Pero un fenómeno invisible al ojo
humano está ocurriendo en todos nuestros
cauces y guarda estrecha relación con el
abusivo estancamiento de sus aguas y la
disminución que ello genera en su caudal
original. En ríos como el Cauto, Río
Canimar, e incluso el Almendares, abundaban
antaño (esto quiere decir, hasta 1965
aproximadamente) numerosos invasores marinos
periféricos. O sea, que no era raro
observar en ellos pequeños tiburones (Carcharhinus sp.), obispos (Aetobatus
narinari), o incluso barracudas
juveniles (Shyraena barracuda) que incursionaban unos 8 a 20 kilómetros dentro
del cause del río, según el caso, la
marea, y la época del año. Esto, es
absolutamente imposible de observar hoy, o
resulta un evento verdaderamente raro que
nos demuestra que la inmensa mayoría de
nuestras cuencas hidrográficas están
altamente contaminadas.
El otro ejemplo de la sinrazón es
explicable a través de la captura de
tortugas marinas. Cuba es conocida en el
mundo entero como el único país que edita
sellos alegóricos a la caza submarina de
estos reptiles, y sigue siendo hoy un estado
que explota, no ya las tortugas con las que
cuenta, sino las que otros países crían,
alimentan, protegen y tratan de incrementar.
En este caso, les hablo de la captura
indiscriminada que Cuba lleva a cabo (contra
la convención internacional que protege
estas especies) de todos los individuos que
liberan en las islas Caimán para repoblar
el Caribe (Wotzkow, 2000). El turismo, ha
hecho además esta práctica un negocio
imparable y no se descarta que en las próximas
décadas se convierta, por abuso claro está,
en una actividad impracticable.
La mayoría de los hábitats
propicios para nuestros peces de agua dulce
comienzan a perderse a partir de 1970. En
ese año, la explotación del manto freático
para utilizar el agua en regadíos dirigidos
principalmente a la caña de azúcar deja prácticamente
exhaustas las reservas subterráneas del país.
Este problema se agrava en los años 90,
cuando el turismo incrementa en más de un
50 % el número de habitantes en ciertas áreas
en las que la demanda de agua no resulta
acorde a su disponibilidad. El ejemplo es
claro, pero si algún lector se queda un
poco desjuiciado por mi enfoque, digamos
entonces que lo que el gobierno intenta
hacer en Cuba sólo puede compararse con la
creación de cientos de parques acuáticos
en el desierto del Sahara para divertir con
ellos al 2 % de la capacidad hotelera
construida.
Que un país con tan buenos
recursos marinos se vea alimentando (por la
fuerza) a su población con la merluza que
se pesca en otros mares ya es bastante
triste. Pero que los alemanes se crean todo
lo que se les dice en Cuba, o que repitan
como papagayos que lo destruido hasta la
fecha ha sido el producto de nuestro pasado
republicano y colonial no tiene perdón.
Vergüenza sentirá el cubano del país que
habita, y por si acaso aún lo ignora, vergüenza
deberá sentir si lo compara al que habitó
su padre. Una sola generación de humanos ha
sido suficiente para empobrecer los recursos
naturales de una isla que, apenas 40 años
antes, se encontraba entre las más
privilegiadas del planeta.
Carlos Wotzkow
Bienne, Enero 2001
Bibliografía
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resource habitat protection: the forgotten
factor. Marine Recreational Fisheries N°
14: 117- 129.
Cubanet (1999): Premio de Medio
Ambiente para Cuba. Cubanet Internacional
Noviembre 30, 1999.
Vicente, V. P. (1992): A summary
of the ecological information on the
seagrass beds of Puerto Rico. Pages 123-133
in E. Seliger editor. Coastal plant
communities of Latinamerica. Academic Press,
New York. USA.
Wotzkow, C (1998): Natumaleza
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pp.
Wotzkow, C (2000): Especies
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22, Section Perspectiva Page 12 A.
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