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Alarcón, el exilio y los vuelos a Cuba

Publicado el domingo, 15 de julio de 2001 en El Nuevo Herald
PABLO ALFONSO

El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón, acaba de enviar un contundente mensaje subliminal a los exiliados cubanos en Miami: ustedes son los que han apuntalado al régimen castrista en los últimos años.

El mensaje de Alarcón está habilidosamente implícito en un larga entrevista publicada el jueves en el diario caraqueño El Nacional, en la cual afirma que los cubanos residentes en el sur de la Florida, que van a Cuba ``de vacaciones'', no son exiliados políticos.

(NOTA: La entrevista publicada en El Nacional esta incluida en su totalidad mas abajo en esta carta electronica.)

``¿Cuántos cubanos, de los que residen en Estados Unidos visitaron Cuba el año 2000? Adivinen'', se preguntó Alarcón y respondió: ``Ciento treinta mil. Búsquenme otro caso en la historia de unos exiliados que regresan a pasar las vacaciones de donde se supone que, entre comillas, escaparon'', añadió.

El razonamiento empleado por el alto funcionario castrista es, en ese sentido, incuestionable.

Alarcón afirmó igualmente que Miami es la ciudad que tiene mayores vínculos con Cuba, al destacar que existen cuatro vuelos diarios desde Miami hacia la isla.

El número de cubanos que visitan a Cuba, según las cifras ofrecidas por Alarcón, representa, aproximadamente, el 12 por ciento de los turistas que viajaron a Cuba el pasado año. Estos cubanos son también portadores de los casi $1,000 millones que en remesas familiares llegan cada año a la isla procedente de los bolsillos de los exiliados.

No cabe dudas de que el presidente de la Asamblea Nacional es un político habilidoso, que utiliza con acierto la ironía; muy escurridizo a la hora de contestar preguntas difíciles.

Utilizando una mezcla de verdades, medias verdades y mentiras, Alarcón culpó a Estados Unidos -para variar- de discriminar a los cubanos residentes en este país. Para ilustrar esa afirmación, dijo que ``un venezolano que viva allá se monta en un avión cada vez que quiera y pueda y viene a Caracas. Un cubano sólo puede hacerlo una vez al año'', de acuerdo a las leyes estadounidenses.

El ejemplo citado por Alarcón es muy bueno. Permite mostrar la otra cara de esa moneda. La cara castrista. Un ciudadano cubano residente en Estados Unidos, o en cualquier lugar del mundo, no puede montarse en un avión cada vez que quiera y pueda viajar a Cuba. A diferencia del venezolano -puesto como ejemplo por Alarcón-, ese cubano tendrá que pedir un permiso a las autoridades castristas para visitar su propio país. Y pagarlo caro. Más de 100 dólares por esa especie de visa.

( NOTA: 130,000 visitantes cubanos por $100/visa es igual a TRECE MILLONES DE DOLARES DONADOS AL GOBIERNO MARXISTA CUBANO PARA SU PERMANENCIA POR CONCEPTOS DE  VISAS PARA VISITAR Y PARA ALGUNOS SU PAIS NATAL)

Alarcón aprovechó la entrevista para promoverse discretamente, una vez más, como sucesor de Castro, aunque aclaró que los mecanismos institucionales establecen que el sucesor es Raúl Castro, en su carácter de vicepresidente de los Consejos de Estado y Ministros.

La mayoría de los analistas coinciden en señalar a Alarcón como uno de los dirigentes castristas que mejor conocen la política norteamericana. Yo coincido con esa apreciación. Por eso mismo me sorprende que Alarcón afirme en esa entrevista de El Nacional, algo que es absolutamente falso.

Al referirse al supuesto agradecimiento político que el presidente Bush le debe a la comunidad exiliada en Miami, Alarcón lo atribuyó a que los exiliados cubanos ``impidieron a decenas de miles de negros votar en Miami''. Ni siquiera los activistas políticos norteamericanos más radicales han mencionado nunca esa afirmación tan descabellada. No existe un sólo caso en los tribunales norteamericanos por esa supuesta violación.

Alarcón no es tonto. El sabe perfectamente bien que no es cierto que los exiliados cubanos impidieron votar a ``decenas de miles de negros en Miami''. Sería interesante conocer las razones que oculta éste habilidoso político castrista detrás de esa mentira. Quizás un día lo sabremos. En casos como este siempre recuerdo una frase que gusta repetir un viejo amigo que vive en Cuba: ``Nadie sabe cuántas vueltas da un llavín''.